El Aguardiente Amarillo de Manzanares, nacido en Caldas, pasó de ser un licor regional a convertirse en una tendencia nacional, conquistando a públicos diversos con una propuesta fresca y diferente.
Este caso deja lecciones valiosas para cualquier emprendedor que busque destacar en un mercado competitivo.
1. Diferenciarse en un mercado saturado
Mientras las marcas tradicionales seguían la misma línea, Aguardiente Amarillo apostó por un sabor más amable, lo que atrajo a quienes buscaban una experiencia distinta.
Enseñanza: diferenciarse no siempre es inventar algo nuevo; muchas veces es mejorar lo que ya existe.
2. Apostar por la identidad local
Desde su origen en Manzanares, Caldas, la marca se presenta con orgullo como un producto auténtico de la tierra.
Esa conexión con lo local genera confianza y orgullo cultural.
Enseñanza: la autenticidad vende más que la copia.
3. Conquistar con el diseño y el empaque
Su color amarillo y la botella llamativa rompieron con la estética clásica del aguardiente.
No era solo licor: se volvió un objeto de conversación en mesa y redes.
Enseñanza: el diseño es una estrategia de marketing silenciosa.
4. Marketing orgánico y efecto red
Gran parte del impulso vino del boca a boca y contenidos en redes: fotos en fiestas, videos y menciones espontáneas.
Enseñanza: cuando el producto gusta, la gente lo promociona gratis.
5. Expansión estratégica
Primero consolidó su base regional y luego escaló a nuevas plazas de forma gradual.
Enseñanza: consolidar antes de expandir asegura un crecimiento sostenible.
El caso Aguardiente Amarillo demuestra que identidad, diferenciación, diseño y estrategia pueden transformar un producto tradicional en una marca icónica.
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